¿Conoces la trágica historia de Spencer, el primer internacional del Sevilla?

Ciudad del Fútbol 18 Jul 2014
Enrique Gómez Muñoz fue el primer jugador del Sevilla que llegó a internacional absoluto. Nació tal día como hoy, un 20 de julio de 1898, y su vida es una historia de superación con final muy infeliz.

Enrique Gómez Muñoz nació en un barrio muy emblemático sevillano, el de Triana, en la calle Orilla del Río (hoy llamada calle Betis). Su pasión era el fútbol (se dice que, de niño, jugaba 4 y 5 partidos al día). A su familia, de la clase alta sevillana, no le gustaba esa afición ya que deseaban que estudiara una carrera, en concreto medicina.
 
Esa pudo ser una de las razones que le llevaron a adoptar el nombre de Spencer para tapar su real personalidad, con el objetivo de que su padre no le descubriera (hasta entonces era conocido futbolísticamente como Enrique).
 
Y por qué tomó el nombre de Spencer. Todo indica que fue en honor a Thomas Spencer Reiman, un inglés que trabajó en Cádiz y que en 1911 creó el Jerez Football Club. Como cuenta el diario La Voz “Spencer sería el alma del Jerez FC, pues además de destacado futbolista, fue el entrenador y presidente. Tanto prestigio tuvo Thomas Spencer para el balompié de la zona, que varios equipos le pidieron que jugara con ellos o que fuera árbitro en numerosos partidos de fútbol. Incluso el primer futbolista que fue internacional absoluto del Sevilla FC, Enrique Gómez Muñoz, se apodó futbolísticamente Spencer, en homenaje a nuestro personaje”.
 
De hecho Enrique Gómez coincidió con Thomas Spencer en el Jerez donde jugó hasta recalar en el Oviedo aunque triunfó definitivamente en el Sevilla en los años 20. Esto le catapultó para convertirse en 1923 en internacional absoluto con España, siendo el primer sevillista en la historia que alcanzó esa condición
 
Disputó solo un partido con la Selección española, junto con el también sevillista Herminio. El encuentro midió a España con Portugal en 1923, en el campo de La Victoria, de Sevilla y terminó con un 3-0 a favor de los españoles, con tantos logrados todos ellos por José Luis Zabala.
 
Ocupó el puesto de interior derecha y se dice que era un jugador imaginativo y creador, un mago con el balón en los pies.
 
Pero su vida estuvo entremezclada con la pasión por el fútbol y la mala fortuna. Como recuerda Alberto Cosín, “la tragedia tuvo lugar en 1926. Fue operado de apendicitis (una operación no tan sencilla en la época) y su ambición por volver a jugar le llevó a reaparecer frente al Real Madrid en un partido de Copa. Se precipitó en la decisión, recayó de su dolencia al no estar plenamente recuperado y hubo que intervenirle a vida o muerte en el mismo momento en el que se jugaba el partido de vuelta que les enfrentaba con el equipo madridista. El domingo 14 de marzo fallecía a las diez y media de la mañana. Sus compañeros sevillistas y los jugadores del Real Madrid acudieron al día siguiente al sepelio rotos de dolor. En su honor se organizó una Copa que se disputó durante varias temporadas principalmente frente al Betis y en el mural existente en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán hay una escultura con su rostro”.