Una eliminación más dura que el codo de Mauro Tassotti

Ciudad del Fútbol 05 Nov 2013
El 9 de julio de 1994 Italia apeaba a la Selección del Mundial de Estados Unidos. En la mente de todos quedará aquella acción antideportiva no advertida por el colegiado

Fue una mañana de bochorno veraniego con amenaza de lluvia en el Foxboro Stadium de Boston, hogar por aquel entonces de los New England Patriots de fútbol americano y que unos pocos días antes había visto cómo Diego Armando Maradona era requerido por una enfermera para encarar un control antidopaje que el Pelusa no superaría poniendo fin así a su carrera en la albiceleste.

La Selección se plantaba de nuevo en los cuartos de final mundialistas con la autoestima al alza tras empatar en su grupo con los campeones alemanes y golear a la ascendente suiza en Washington. 
Sobre el césped bostoniano Javier Clemente presentó su guardia pretoriana (Abelardo, Nadal, Alkorta, Baquero...) que tan buenos resultados le estaba dando a España con un bloque sólido, compacto y muy difícil de ganar incluso para la vacilante Italia de Arrigo Sacchi salvada en el último suspiro por un gol de Roberto Baggio frente a Nigeria en los octavos de final.

El cruce latino deparó igualdad máxima durante todo el partido. Un latigazo de Dino Baggio (ningún parentesco le une con Roberto) adelantaba a los transalpinos en la primera parte antes de que Caminero restableciese las tablas en la segunda mitad; Goicoechea, Fernando Hierro y sobre todo Julio Salinas estuvieron a punto de batir a Gianluca Pagliuca para catapultarnos hacia semifinales, pero a dos minutos de la conclusión el budista Roberto Baggio driblaba a Zubizarreta y rompía con un derechazo escorado las últimas esperanzas españolas.

¿Últimas esperanzas? Aún se aferraron a ellas los de Clemente quienes en un enérgico arreón final ponían sitio a la portería italiana en busca del salvoconducto a la prórroga. Y fue entonces, con tres minutos por encima de los noventa reglamentados, cuando un centro de Jon Andoni Goicoechea desde el costado derecho no encontraba rematador por culpa de un codazo traidor de Mauro Tassotti directo al rostro de Luis Enrique.

El asturiano caía a plomo sobre la hierba americana y la Selección, intentándolo hasta el final, decía adiós en los malditos cuartos. El árbitro húngaro Sándor Puhl pitaba el final mientras aducía no haber visto ninguna acción punible. El fisio Senén Cortegoso se afanaba por atender a un iracundo Luis Enrique con el tabique nasal destrozado y chorreando una sangre que resaltaba sobre la blanca camiseta española de aquella jornada.

Todos los reproches se dirigían a un veterano zaguero romano, Mauro Tassotti, quien era protegido por sus compañeros ante los gestos acusadores de los internacionales. España decía así adiós al sueño mundialista envuelta en sangre, sudor y lágrimas.
En 2011 aprovechando un encuentro entre la A.S. Roma y el A.C. Milan el propio agresor se disculpaba ante Luis Enrique quien de buen agrado aceptaba sus excusas, poniendo fin a una querella que casi todos los aficionados de cierta edad recuerdan.

A Tassotti no le salió precisamente gratis aquel codazo, pues fue sancionado con seis partidos, perdiéndose la final de aquel Campeonato del Mundo que Brasil ganaba en los penaltis ante Italia y jamás volvió a vestir la camiseta azzurra. Tenía treinta y cuatro años.